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De cosechar maíz a recoger basura: las paradojas del desarrollo urbano en la China campesina

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Entre el año 1990 y el año 2012, China dobló el volumen de su población urbana, y por primera vez en su historia, las personas residentes en zonas rurales pasaron a ser minoría, todo un hito para un país con una historia marcadamente agrícola.

Pero a pesar de que las ciudades chinas crecen de forma más vertical que en Europa o América, la proliferación de los bloques de viviendas implica la apropiación de una gran cantidad de terreno explotado por los campesinos que habitan en los márgenes de lo urbano.

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Generalmente, tanto el gobierno como las empresas interesadas en dichos terrenos suelen compensar a los campesinos con una suma de dinero o con una vivienda a su nombre en uno de los edificios levantados. No obstante, debido a que la propiedad de la tierra sigue en manos del estado, y a cargo de unos gobernantes poco comprometidos por sus derechos, no es extraño que los agricultores y ganaderos salgan perjudicados a la hora de negociar la cesión de sus tierras.

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Al fin y al cabo, una granja incluye tanto el hogar como la fuente de recursos necesarios para la supervivencia, y entregarlos a cambio de un apartamento en un bloque de viviendas, por muy moderno que sea, no resulta una opción ventajosa para personas carentes de formación ajena al mundo rural.

Además, el hecho de una familia se niegue a vender su granja no significa que pueda seguir manteniendo su estilo de vida, ya que gran parte de la rentabilidad y el sentido de su actividades productivas están estrechamente ligadas a las de sus vecinos. Es decir, no es lo mismo cultivar y criar animales como parte de una comunidad de granjeros acostumbrados al intercambio de productos, que hacerlo en medio de un entorno urbano que funciona a base de supermercados y tarjetas de crédito.

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Esto es algo que ya han comprobado de sobra los habitantes de este pequeño barrio de Changchun, quienes han pasado de cosechar cereales, verduras y hortalizas, a recoger la basura y las sobras de la sociedad del consumo, dando lugar a una especie de burbuja sociológica que refleja muchas de las paradojas y contradicciones del desarrollo económico.

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El barrio se encuentra a apenas 200 metros de un supermercado Walmart y a medio kilómetro de la Universidad de Jilin, aunque ambos son lugares de acceso prácticamente vetado para sus habitantes. Sin embargo, tal y como ocurre en muchos otros suburbios abandonados a la misma suerte, el compromiso y la responsabilidad hacia el futuro de la siguiente generación explica que estos antiguos campesinos perseveren cuando otros se darían por vencidos.

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Las empresas de reciclado ofrecen una humilde remuneración por cada kilo de basura recogido, y tanto padres como abuelos recorren las calles armados con sus sacos, con sus carros, y con la esperanza de que algún día sus hijos o sus nietos puedan gozar de una vida digna, o del respeto que disfrutaron cuando ser campesino era la norma general.

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Quizás entonces, una vez ahorrado el dinero suficiente, sus descendientes podrán acceder a la educación superior, conseguir un trabajo bien remunerado, comprar una vivienda en los márgenes de la ciudad, y acudir una vez a la semana al centro comercial de turno sin siquiera reparar en los desarraigados que cultivaban maíz por aquellos lares.

Comments

  1. Es una circunstancia que he visto más de lo que quisiera. En Beijing les pagan por recoger botellas de plástico, que luego llevan a unos almacenes temporales en grandísimos sacos y de allí a reciclar. Una señora que se dedicaba a esto por las noches en la zona de marcha San-Li-Tun junto con su hija pequeña (de unos 8 años) a la que llevaba con ella de la mano, me comentó que le pagaban cosa de un jiao o poco más por botella (cosa de unos céntimos de euro al cambio). Imagínense la de ellas que tenía que recoger para vivir las dos… estremece.

    • Efectivamente, Alfonso, se trata de una de las escenas típicas del desarrollo urbano en gran parte del país.

      Personalmente, me parece muy curioso el modo en que estos procesos hacen que aquellos a quienes imaginamos más cerca de la naturaleza, como los campesinos de los márgenes urbanos, acaben ganándose la vida entre basura.

      Algunos se las arreglan para ganar algo de dinero vendiendo unos pollos, unas verduras, o comida casera en vecindarios más acomodados, pero parece que la imparable producción de desechos les ofrece una oportunidad de trabajo menos precaria.

  2. Fidelius1959 says:

    Cómo están las cosas, creo que actualmente es mejor intentar quedarse en el campo, con sus cosechas, su ganado, su casa y su espacio vital, a entrar en la vorágine de las super-ciudades. Pero en fin, todo es todavía muy complicado cuando papá-estado ordena, manda y tiene.

    Jodido para los campesinos

  3. Wallebot says:

    Todo lo que veo me parece que se acerca mas al capitalismo que al comunismo. Me parece que si hubiesen empezado como los americanos, no habria dejado atras.

    Yo pienso que las ciudades tienen un papel importante en la vida campesina. Periodicamente han de vender sus producto ahi y cumplen funciones que son dificiles en el campo, como la relacion entre personas. En el campo no hay mucha masa critica.

    La agricultura dentro de la ciudad tambien la veo viable. Para el cereal no porque necesita mas extension y se mecaniza mejor y conserve y transporta facil, pero para la verdura fresca lo veo muy importe.
    El transporte es menor, se aprovecha mejor el producto y en menos superficies se produce mas que en cereal porque tiene mucho agua. Tambien permite reciclar materia organica localmente.
    Tienes el post donde los chinos cultivan donde pueden.

  4. Muy buen resumen del lado oscuro del progreso. No todo es color de rosas. Creo que hay que buscar un balance. Que todo el mundo deje los campos para ir a las ciudades no es sano, y viceversa. En el balance está el éxito, aunque esto ya nos lo lleva enseñando la naturaleza toda la vida…

  5. Creo que el balance al que hace mención Javier Velasco tiene mucho que ver con el balance del crecimiento de la población. Claro que la implantación de la ley de hijo único y la reciente aprobada ley de permitir hasta dos por matrimonio juega un papel critico para controlar el excesivo crecimiento de las ciudades. Y si bien los gobernantes y empresas tienen poca consciencia (responsables directos) por estas personas; los verdaderos jueces para hacer justicia son los mismos ciudadanos de dicha ciudad.
    Lamentablemente el valor de la ciudadanía no da de comer.

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