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Recorriendo China en tren: ronquidos a tutiplén

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Debido a la larga distancia y duración de muchos de los trayectos ferroviarios de China, los ronquidos se convierten en un elemento muy a tener en cuenta por los pasajeros de oído y sueño más sensible. Durante mis viajes en tren por el país, he pasado cantidad de horas expuesto a las vibraciones naso-orales de otros viajeros, al igual que otros habrán sufrido las mías.

No obstante, la experiencia de mi último periplo Changchun-Pekín ha sido algo totalmente fuera de lo común en cuanto a ronquidos, y no precisamente por su ausencia.

En principio se trataba de un viaje relámpago para tramitar el visado de mi novia, y como ella es un portento en eso de economizar tiempo y recursos, reservó un tren-litera para viajar de noche, ahorrarnos el hotel, y llegar a Pekín poco después de que el consulado y el centro de visados abriesen sus oficinas. El viaje de vuelta lo reservaríamos en función del momento en que finiquitásemos el papeleo, aunque teníamos la esperanza de montar en un tren por la tarde y estar de vuelta en Changchun por la noche.

Como podéis comprobar pinchando aquí, el trecho es de casi 1000 kilómetros, lo que traducido a un tren de clase T supone cerca de nueve horas y media sobre las vías. Si todo salía según lo previsto, subiríamos a las 22:30 y nos bajaríamos poco antes de las 9:00 del día siguiente. Es decir, un plan perfecto para poder dormir unas horas por la noche y llegar a nuestro destino listos para aprovechar el día (o las horas de trabajo) al máximo.

Dado mi especial gusto por el tren, viví con bastante ilusión buena parte de lo ocurrido desde que salimos de casa hasta que llegó la hora de “dormir” en el vagón, como el descubrimiento de estos flamantes aunque completamente inservibles cascos, cada uno de diferente modelo y dispuestos en extravagantes bolsas de tela con puntilla.

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A mi novia y a mí nos tocaron las dos literas de arriba, mientras dos señores de unos cuarenta años ocuparon las de abajo. Ambos parecían bastante cansados y sin ganas de charlar, así que mi compañera y yo optamos por ver una película bastante mala mientras el tren iniciaba su recorrido.

Una vez terminada la sesión de cine nos echamos a dormir, y poco después uno de los señores de abajo apagó la luz del compartimento. Entonces me puse los auriculares para escuchar algo de música mientras conciliaba el sueño, pero al cabo de unos veinte minutos, en las pausas entre tema y tema comencé a apreciar las primeras notas de otro tipo de sinfonía.

Se trataba de un fascinante dueto interpretado por los viajeros de las literas inferiores, cada uno de los cuales aportaba su propia rítmica y timbre a la composición. El grado de armonía y acompasamiento al que llegaban sus ronquidos me resultó tan curioso que opté por parar la música del reproductor y apreciar con plena atención aquella excepcional aportación a la banda sonora ferroviaria.

Tras unos minutos dudando entre catalogar la pieza como patrimonio del expresionismo o el impresionismo musical, me decanté por este último, y la imaginé como el diálogo entre un dragón hambriento y un pobre cochino acorralado y a punto de ser merendado (¿por qué no decís “cojapón”?—me suele preguntar mi novia).

El dragón rugía y rugía con ansia y vigor, mientras el cochino rogaba y rogaba con tono llorón. Pero a pesar de los espantosos jadeos que emitía, el dragón no se decidía a liquidar a su gimiente presa, y así de sosa permaneció la actuación de las narices, hasta que toda la magia se fue a hacer mierdas y ya no escuchaba otra cosa que a dos cuarentones dando la tabarra con sus putos problemas respiratorios.

Y es que, para qué nos vamos a engañar, por muy románticos que nos pongamos, en este mundo hay cosas que son esencialmente aborrecibles, y una de ellas es tener que aguantar gruñidos a todo volumen cuando nos apetece dormir.

Las horas fueron pasando una tras otra mientras yo maquinaba con creciente mala hostia y ocurrencias de carácter cada vez más perverso. Para cuando comenzaba a salir el sol, me regocijaba miserablemente en la hipótesis de que, allá por la humanidad primitiva, los especímenes roncones eran expulsados de las hordas por su nefasta habilidad para atraer a enemigos y depredadores durante la noche.

No obstante, la cruda realidad es que, en el hábitat ferroviario de China, ellos son el eslabón superior, y mientras yo saludé al nuevo día hecho polvo y sin haber pegado ojo, el dragón y el cochino se levantaron descansados y con energía como para media docena de anuncios de Cola Cao.

Pero no, amigos, la ironía evolutiva no terminó ahí, y tras toda una mañana de ajetreo burocrático e imprevistos más o menos solucionados, tuve la suerte de que me asignasen un asiento de vuelta justo al lado del tío al que más ruido he oído hacer mientras dormía.

De hecho, la bulla que montó fue tan bestial, que muchos viajeros se vieron forzados a buscar otros asientos libres en vagones adyacentes, aunque la mayoría aguantamos como campeones las 6 horas y media de ronquidos terroríficos que nos ofreció hasta que el tren, esta vez de alta velocidad, llegó a Changchun.

Pero no hace falta que creáis mis palabras, pues cuento con un archivo de audio para que os hagáis una idea de la hazaña. La calidad del sonido no es muy buena porque realicé la grabación con el móvil, pero creo que el tramo que he seleccionado resume bastante bien la esplendorosa riqueza de los resoplidos. Aun así, a los más impacientes os recomiendo el tramo a partir de 1 min 25 s, donde podéis apreciar el tipo de arranques dignos de Rieju RR con los que el intérprete nos sobresaltaba cada diez minutos.

En cualquier caso, al final me quedé con las ganas de preguntarle al hombre si había ido al médico a mirárselo, porque semejante charanga respiratoria no es signo de buena salud, y el nivel de rencor (aunque también admiración) que despertaba a su alrededor tampoco puede traer nada bueno. Sin embargo, mi novia me aconsejó que dejase el asunto estar, no fuese que el señor se tomase el asunto a malas y completásemos 36 horas de insomnio con un episodio de collejas.

En fin, última vez que hago uno de estos viajes sin un buen par de tapones.

 

Comments

  1. Jajajaja que bueno… a mi tb me toco aguantar los ronquidos por unos 4 meses de mi suegro… cuando nos tuvimos que mudar a su casa mientras reformaban el piso nuestro. Hay que decir que no llegó e esos niveles pero tela. Veo que te toco ir a por un visado! XD Hace cosa de un mes justo estaba yo en Pekin precisamente por lo mismo, pidiendo un visado para mi mujer en Pekin. Tuvimos mucha suerte y se lo dieron al momento… solo tuvimos que esperar 3 horas!! Fue casi visto y no visto… recuerdo cuando aun no eramos mas que una pareja estable que la odisea de pedir un visado era sinónimo de papeles y papeles y papeles y problemas y papeles y esperar, etc… Espero que no te dieran muchos dolores de cabeza en el consulado… te aconsejo entrar por la puerta de atrás, decir que eres español y que te atienda un español directamente 🙂 (ya para la próxima)

    • Muchas gracias por el consejo, amigo Vicente. Para los que no estamos casados es un poco más complicado ahora, porque nos mandan al nuevo centro de visados, pero está cerca y te atienden bien (aunque no tan bien como tú comentas).

      En cuanto a los resoplidos de mi compañero de viaje, te juro que sonaban a berridos de ultratumba. Nunca había oído nada parecido, y tengo amigos que roncan bastante. Y además lo hizo de continuo durante prácticamente todo el viaje, yo creo que tenía algún problema bastante serio, si no no puede ser. Aunque menuda suerte la mía, dueto de ida y serenata de vuelta.

      En fin, por lo menos tengo el blog para contarlo, y si os hace reír un poco bien compensadas quedan las horas de tortura.

  2. Hola:
    Mis experiencias en tren en China empezaron bien porque eramos 4 viajando y conseguimos un soft-sleeper (supongo que el de cerdo-y-dragón era uno de esos) de Shanhai a Pekín. Todo era regocijo por lo bien que estaba y no tener que compartir compartimento.
    Para movernos de Pekín a Datong (ibamos a Wutaishan primero en tren y a Datong por carretera) si tuvimos más problemas. Primero nos equivocamos de día y solo conseguimos (gracias a Dios no fue un hard-seat) un hard-sleeper a Datong a las 3 de la mañana y repartidos cada uno a su suerte por 2 vagones (no teníamos ni papa de chino). Roncar parecía que estaba roncando todo el mundo pero después de 6 horas dando tumbos por la estación yo dormí algo y supongo que me uniría a la fiesta. De hecho me equivoque de número de litera como supuse por la cara de la revisora (que se asusto de mi intención de cambiarme cuando ya estaba encaramado). Aunque para las 6 empezó el bullicio y nos agrupamos junto a la misma litera los 4.
    Toda una experiencia. Eso si el resto de viajes en hard-sleeper bastante mejor.

    • Hola Fran,

      por lo que cuentas, parece que os lo pasasteis bastante bien. Yo siempre tengo en mente poder hacer algo parecido con los amigos, y viajar todos juntos en el mismo compartimento, pero también es verdad que en China da gusto compartir con desconocidos, porque casi nunca pasa nada feo, y además conoces a gente interesante.

      Supongo que los ronquidos son un elemento universal de este tipo de viajes, y aunque a veces fastidia padecerlos, todos tenemos algún habito que incordie a otros pasajeros. Por ejemplo, yo no suelo roncar más que cuando estoy muy cansado o he bebido, y normalmente a volumen bajo, pero si me da por comer galletas con leche se me hacen unos gases apocalípticos.

      Gracias por el comentario y saludos desde Changchun.

      • Hola:
        La verdad es que lo pasamos bien pero hubo momentos de agobio (esa estación de Xi’an con el cartel de Taxi en inglés tapado, menos mal que los símbolos de taxi los habiamos aprendido a base de montarnos).
        Otro viaje corto sin hacer noche en hard-sleeper fue muy bueno. Ibamos en el mismo grupo de literas que una familia con una niña de 9 años y su hermanito de 3 que jugaba con su tablet. Parecía una familia bien, el padre chapurreaba inglés y la niña hablaba bastante bien, la madre la pobre se paso el rato cuidando del niño y cayendosele la baba de que la niña hablara con nosotros.
        Otra fue esperar en la estación de Pekín y sacar un ajedrez chino y que uno que esperaba por allí se pusiera a jugar con nosotros a base de gestos.
        Un saludo.

  3. De la manera que fuman los chinos es bastante normal que ronquen así.

  4. Los chinos roncan mas? porque comentas casos bastante graves, jiji.
    A lo mejor por ser mas chatos tiene mas propension o pasan mas como con los pedos.
    En ese viaje se tiraron pedos?

    • Hola Wallebot,

      no sé si los chinos roncan más, quizás simplemente se deba a que aquí es más habitual pasarse horas y horas viajando de un punto a otro del país en medios de transporte colectivos.

      Si tenemos en cuenta que la obesidad es un factor que causa ronquidos, supongo que en Estados Unidos se roncará más, pero como allí se viaja en medios más “individuales” (como el coche), quizás no se nota tanto.

      En cuanto a los pedos, en China quizás sí que son liberados de forma algo más natural, pero no es ninguna tragedia y yo me siento más agusto sabiendo que nadie se va a escandalizar si se me escapa un poco de gas, o no puedo aguantarlo.

      Gracias por el comentario y mi mejor saludo desde el otro lado del continente.

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