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Capítulo 2: El “plan de investigación” para China

Max-Weber-1894

Como ya mencioné en el capítulo anterior, mi proyecto de investigación para China consistía en estudiar la relación entre los sistemas éticos tradicionales y el desarrollo económico del país.

Esta es una línea de investigación que se remonta a los temas clásicos de la sociología, y en especial a los trabajos del gran Max Weber, quien, entre muchos otros libros que apenas nadie acaba de leer nunca, escribío una serie de trabajos para explicar las causas culturales del origen y desarrollo del capitalismo en diferentes áreas del planeta.

Para decirlo de manera sencilla, aunque no por ello burda, Max Weber sería algo así como el alter ego de Carl Marx dentro de los debates basados en el problema de la dominación social.

Por un lado, Marx defendía que la cultura dominante era una especie de invento político al servicio de los intereses de quienes poseían los medios de producción, y tendía siempre a subordinar las causas culturales de la dominación a las causas materiales. Es decir, para él lo importante era saber quiénes controlaba la infraestructura de un pueblo, ciudad, o país, y entender qué tipo de “cuento” les había contado a los que no poseían nada, o poseían menos, para ponerlos a trabajar para ellos o para que no se rebelaran en su contra.

Por otro lado, aunque Weber coincidía en la capacidad del poder político para crear o modificar la cultura en beneficio de sus élites dominantes, consideraba que había toda una serie de elementos culturales que no tenían por qué haber surgido de tales procesos. Es más, Weber estaba convencido de que, lejos de ser un mero “sub-producto” de la organización de los medios de producción, tales elementos culturales podían haber tenido un papel crucial sobre la génesis de la revolución industrial y el desarrollo del capitalismo.

Volviendo a utilizar un símil con alta presencia animal, se trataría de una nueva versión sociológica del problema del huevo y de la gallina, sólo que en este caso lo que nos preguntamos es si la cultura parió a la infraestructura o ésta última parió a la primera.

Bueno, ¿y todo esto qué leches tiene que ver con China? Pues resulta que el bueno de Max Weber, que trabajó como un mono para lo poquísimo que lo leemos, entre esa serie de trabajos que realizó sobre diferentes áreas culturales del mundo, dedicó un ensayo bastante famoso sobre las posibilidades de desarrollo económico que podría tener el país de Confucio y Lao tse.

En dicho ensayo, Max Weber se dedica a explicarnos como, según su teoría de los procesos de modernización, la cultura China carecía de la combinación de elementos culturales que hicieron posible el surgimiento del capitalismo en las zonas de predominancia protestante de Europa.

Al igual que hizo en su famoso ensayo sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, el desarrollo de sus argumentos sigue una línea basada en cuestionar una por una la importancia de las causas materiales a la hora de explicar el particular estado de la economía, para ir desvelando poco a poco el papel crucial de los aspectos culturales.

Dentro del rapapolvos que Max Weber le mete a la China Imperial, este proceso consistió en ir revisando factores como los problemas que acarreaba un sistema monetario inestable, la escasa modernización de los medios de producción agraria, o las claras deficiencias del sistema legal, junto a otros muchos aspectos que, pese a admitirlos como traba para el proceso de industrialización, Weber descartaría como causas últimas del estado del a economía china.

En su lugar, y para auténtico goce de los fans del materialismo histórico, Max Weber se queda con un aspecto tan aparentemente rebuscado como el de la tensión existente dentro de visión que los chinos tenían del mundo terrenal y el sobrenatural (Chúpate esa Carl Marx). Y es que según la teoría weberiana, lo realmente decisivo dentro de los procesos que dieron lugar al surgimiento del capitalismo en Europa fue el altísimo grado de tensión entre el mundo del más acá y el del más allá que acarreaba el principio de la predestinación del protestantismo calvinista.

Y es que, según explicó el brillante Weber, dicho principio sólo dejaba dos tipos de solución “mundana” para sus atormentados creyentes.

La primera consistiría en tratar de desarrollar una especie de “super-fe” capaz de mantenerle a uno esperanzado en la posibilidad de que su nombre estuviera en la lista de los salvados y no en la de los condenados. Al parecer, según los pastores de la época, el hecho de que alguien fuera capaz de lograr tal estadio de entrega podría ser un signo de gozar de un pase VIP para el cielo, pero en realidad esta opción venía con truco, porque, al no existir manera inequívoca de estar seguros de ello, era virtualmente imposible que a nadie le entrara nunca alguna pequeña duda sobre ello.

Por eso mismo, existía una segunda opción, que seguramente era la que adoptaba todo quisqui para hacer soportable su existencia, y que consistía nada menos que en abrazar una vida puritana de trabajo ascético y de renuncia al disfrute de las ganacias generadas. Y fue precisamente a través de este auténtico estilazo de vida ahorrador y sacrificado (tan apetecible) como, según Max Weber, se dio lugar a la acumulación del capital necesario para construir los primeros talleres y fábricas que dieron paso a la revolución industrial.

De éste modo, el éxito empresarial ya no es entendido como el fruto de la avaricia, sino como el resultado de mantenerse fiel a unos valores éticos y a unas normas morales que a su vez generan crédito en el seno de la propia comunidad de creyentes, lo que, a su vez, ayuda a aumentar los niveles de prosperidad. Así pues, según Max Weber, el tipo de racionalidad orientada a la dominación que caracteriza el espíritu de la modernización no provino precisamente de los impulsos básicos del ser humano, sino que fue más bien una especie de “sub-producto” de esa retorcida idea de estar predestinado a la salvación o a la condena, y de no tener santa manera de enterarse hasta vérselas con San Pedro.

Sin embargo, al carecer de una visión tan descalabrante del mundo y del “más allá”, los chinos, que seguramente sufrían mucho menos de jaquecas intelectuales o religiosas, contaban con una desventaja crucial a la hora de generar las condiciones culturales, y por ende materiales, necesarias para dar origen al capitalismo, la industrialización y la modernización de forma autóctona.

Es más, según Max Weber la China Imperial lo tenía todavía más crudo que cualquier otra civilización o cultura que é llegó a analizar (a distancia, eso sí), ya que además, y esto sí que tiene tela, la citada falta de tensión entre ambos mundos o dimensiones de la realidad se basaba en una visión positiva del mundo y en una aprovación moral, más o menos general, del deseo de enriquecerse.

Es decir, que en realidad, para este sociólogo, el hecho de que la idea de enriquecerse y mejorar las condiciones de vida fuera un ideal aceptado, constituía más una traba que una ventaja para el surgimiento del capitalismo.

Pero aún hay más, ya que, pese a todas estas “trabas culturales” que padecía China, Weber concluyó que, cuando se tratara de adoptar el sistema capitalista como un invento traido de fuera, China contaría con unas condiciones culturales todavía más ventajosas que las del propio Japón.

Desconcertante, ¿verdad? Pues sí, mis queridos amigos, así de desquiciante es la sociología, y esas son el tipo de reflexiones que motivan ese rostro de estupor y mirada vacía que caracteriza a nuestros estudiantes en la época de exámenes, y que nada tiene que ver con el consumo de estupefacientes.

En fín, volviendo al tema de Max Weber y su ensayo sobre el capitalismo en China, el caso es que mi director y yo pensamos que sería interesante revisar las conclusiones del gigante de la sociología “comprensiva” en relación con el actual auge económico del gigante asiático, y así es más o menos como partió la idea de mi proyecto de investigación doctoral.

En cuanto al plan de trabajo que diseñé para mi estancia en China, en un principio constaba de tres fases sucesivas aunque en ocasiones solapadas consistentes en:

  1. Asimilación cultural: teniendo en cuenta que la estancia se realizaría en alguna ciudad todavía en desarrollo, lo más probable era que las barreras lingüisticas y culturales fueran considerables. Por eso, aunque en parte también debido a la escasez de convenios de mi universidad con centros chinos, pensamos que lo ideal sería que el primer paso de asimilación se diera a través de un curso de lengua y cultura, de modo que al cabo de unos meses, pudiera al menos contar con la base mínima para poder desenvolverme y mantener o dar lugar a conversaciones con los estudiantes chinos.

  2. Acumulación del “rapport” o el grado de confianza con un amplio número de esudiantes del que seleccionaría una veintena para realizar una ronda de entrevistas en profundidad.

  1. Recopilación de todo tipo de documentación bibliográfica, auditiva y visiual que pudiera servir de apoyo para completar los testimonios de los estudiantes entrevistados. Dicho material incluiría desde manuales de estudio y revistas del ámbito del campus, hasta fotos de las residencias de los estudiantes y videos propagandísticos del gobierno.

Es posible que, vistas así, estas tres fases de trabajo no parezcan gran cosa, pero para mí suponían tres líneas de ACCION llenas de posibilidades para obtener un conocimiento fresco, y escribo la palabra acción en mayúsculas porque estoy convencido de que cuanto más se enfrasca un investigador en su despacho y sus motañas de libros, más se separa de aquello que supone nuestro objeto de estudio, a menos, claro está, que se esté realizando un estudio de filosofía social o un ensayo sobre la propia sociopatía del sociólogo en cuestión.

Creo que con lo explicado nos podemos hacer una idea más o menos acertada del tipo de desvaríos mentales y del esquema de trabajo que tenía planeado para mi estancia en Wuhan.

Por supuesto, una vez aterrizados, tanto en sentido literal como figurativo, surgirían nuevas circunstancias que afectaron al proyecto, limitándolo en ciertos aspectos, y expandiéndolo en otros, como ocurre casi siempre que nos planteamos estudiar la realidad social. Pero de todo ello hablaremos más adelante, una vez que dejemos atrás las venturas y desventuras del viaje y el asentamiento inicial en Wuhan.

Comments


  1. Por un lado, Marx defendía que la cultura dominante era una especie de invento político al servicio de los intereses de quienes poseían los medios de producción, y tendía siempre a subordinar las causas culturales de la dominación a las causas materiales.

    “Por otro lado, aunque Weber coincidía en la capacidad del poder político para crear o modificar la cultura en beneficio de sus élites dominantes, consideraba que había toda una serie de elementos culturales que no tenían por qué haber surgido de tales procesos.”

    Entonces en sociologia todo el mundo tiene claro que el pueblo en la practica esta para servir a la elite politica y poderosa. Mientras el resto de la poblacion hace por creer que los politicos son bueno y al servicio del ciudadano. No?
    Aunque luego no se lo terminen de creer y ahora cada vez despierte maś.

    A saber que enseñan en ciencias politicas. Un cursillo para mangonear la población?

    Es un poco pregunta retorica, ¿pero porque no se enseña en la escula a toda la poblacion esto?.
    Seguro en algun lado del manual pone que la escuela no es un instrumento de educación sino de adoctrinamiento y control social.

    PD:por el tono del post a lo mejor parece que me he enfadado. No es asi pero he flipado un poco XD.

    • Hola Wallebor,

      tanto Marx como Weber entienden esas relaciones de dominación desde un punto de vista crítico. Es decir, sus obras revelan los entramados del poder desde la perspectiva de los medios de producción y de la cultura. Para Marx este ejercicio de análisis conlleva también la responsabilidad de transformar la sociedad y hacerla más justa, mientras que Weber es algo más “pasivo” al respecto. Que yo sepa, en el bachiller se estudia a Marx, pero quizás no estaría mal ver algunas de sus ideas unos años antes, porque viene muy bien para desarrollar el pensamiento crítico. Aunque quizás nuestro sistema educativo no está por esas en estos momentos.

      Gracias por el comentario y disculpa la tardanza a la hora de responder.

      Recibe mi más cordial saludo desde Changchun.

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